Se colocan pequeños marcadores temporales que permiten al sistema robótico reconocer con precisión la anatomía de su rodilla. Esta información crea un modelo tridimensional personalizado para guiar la cirugía.
Antes de realizar cualquier corte, el cirujano evalúa en tiempo real la alineación, el movimiento y el equilibrio de la rodilla. Con esta información se ajusta el plan quirúrgico para adaptarlo a la anatomía y necesidades de cada paciente.
Con la asistencia del sistema robótico, el cirujano prepara cuidadosamente el fémur y la tibia. La tecnología proporciona retroalimentación en tiempo real para ayudar a realizar los cortes planificados con precisión.
Se colocan los componentes protésicos y se verifica su posición, alineación y estabilidad. Antes de fijarlos definitivamente, se comprueba el movimiento de la rodilla durante todo su rango de movilidad.
Se confirma nuevamente la estabilidad, el balance de los ligamentos y el funcionamiento de la articulación. Solo cuando todos estos parámetros son satisfactorios se finaliza la cirugía.
Después de la cirugía, el paciente comienza un programa de recuperación individualizado. La movilización suele iniciarse el mismo día o al día siguiente, seguida de fisioterapia para recuperar la fuerza, la movilidad y la función de la rodilla.
La cirugía robótica no reemplaza al cirujano. El sistema robótico actúa como una herramienta de asistencia que aporta información y guía durante el procedimiento, mientras que todas las decisiones quirúrgicas y cada paso de la operación son realizados por el especialista.